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4 de diciembre, 2025

De abajo hacia arriba y de afuera hacia adentro: Movimientos sociales e influencias internacionales en la democracia en las Américas.

El 4 de diciembre, el Georgetown Americas Institute y el Centro de Estudios Latinoamericanos organizaron conjuntamente un panel para explorar la relación entre el retroceso democrático y los movimientos sociales y los actores de la sociedad civil.

L-R: Michael Shifter, Tom Carothers, Janice Gallagher, Kenzo Soares, Alvaro Santos,  Nicolas Dip
L-R: Michael Shifter, Tom Carothers, Janice Gallagher, Kenzo Soares, Alvaro Santos, Nicolas Dip

El evento contó con la participación de Thomas Carothers, del Programa de Democracia, Conflicto y Gobernanza de la Fundación Carnegie; Nicolás Dip, del Centro de Investigación y Docencia Económicas; Janice Gallagher, de la Universidad de Rutgers-Newark; Álvaro Santos, de la Facultad de Derecho de Georgetown; y Kenzo Soares Seto, de la Facultad de Derecho de Yale. La presentación estuvo a cargo de Diana Kapiszewski y la moderación, de Michael Shifter, ambos del Centro de Estudios Latinoamericanos.

La relación cambiante entre el retroceso democrático y el estado de derecho

Carothers exploró la relación entre el retroceso democrático y el Estado de derecho, afirmando que los académicos a menudo confunden ambos conceptos. Sostuvo que es posible atentar contra el Estado de derecho sin atentar contra la democracia, y viceversa. En cambio, caracterizó la relación entre democracia y Estado de derecho como una conexión estrecha y en constante evolución.

Argumentó que algunas amenazas a la democracia también constituyen amenazas al Estado de derecho, citando como ejemplos la reforma judicial de 2024 del expresidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, el cuestionamiento de la autoridad judicial por parte del expresidente brasileño Jair Bolsonaro y las presiones ejercidas sobre el tribunal constitucional boliviano por el expresidente Evo Morales en su intento de obtener un cuarto mandato. Sin embargo, añadió que otras amenazas a la democracia no debilitan el Estado de derecho, mencionando el caso de El Salvador, que experimenta un retroceso democrático a pesar de que la percepción ciudadana sobre la solidez del Estado de derecho sigue aumentando.

Gallagher criticó este ejemplo, haciendo hincapié en la importancia de definir con precisión qué significa el Estado de derecho en este análisis. En la misma línea, Santos también cuestionó la visión predominante de las instituciones estadounidenses como modelos de democracia y Estado de derecho, citando la contradicción de la constitución del país, que se centraba en los valores liberales pero al mismo tiempo permitía la esclavitud y, posteriormente, el apartheid en el Sur.

Dos décadas y pocos avances

El retroceso democrático ha sido ampliamente debatido por los académicos durante al menos las últimas dos décadas; sin embargo, no se le ha dado una solución efectiva debido a que los responsables políticos y los propios académicos parten de supuestos erróneos sobre la democracia. Carothers explicó que existe la creencia generalizada de que, una vez que los ciudadanos obtienen la libertad política, se negarán a renunciar a ella. Además, argumentó que la tasa real de retroceso democrático a nivel mundial ha sido subestimada.

Carothers también argumentó que, a menudo, los académicos y los líderes de opinión buscan explicaciones simplistas para la degradación democrática, cuando en realidad la trayectoria de cada país es única, lo que dificulta el análisis y la comparación entre países. Santos añadió que el factor individual más común al que se atribuye la degradación democrática es la economía. Sin embargo, muchos países que experimentan un retroceso democrático también registran crecimiento económico; por lo tanto, Santos recomendó que los investigadores profundicen en el análisis del crecimiento económico, examinando otros factores como la desigualdad, la movilidad social y el impacto de la deslocalización de la producción.

El Estado de Derecho en México 

Gallagher puso en práctica estas teorías al analizar cómo ha evolucionado el estado de derecho y la democracia en México desde principios del siglo XXI. A principios de la década de 2000, muchos miembros de la sociedad civil creían que, al haberse resuelto el problema electoral, los derechos humanos y el estado de derecho se fortalecerían automáticamente. Sin embargo, Gallagher argumentó que la rendición de cuentas vertical, es decir, la capacidad de los ciudadanos y la sociedad civil para exigir responsabilidades a los gobiernos, se vio debilitada durante las administraciones de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, ya que los intentos por fortalecer el estado de derecho a menudo vulneraron los derechos humanos. Esto condujo a la elección de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), bajo cuyo mandato la rendición de cuentas horizontal, es decir, la capacidad de las entidades gubernamentales para controlarse y equilibrarse mutuamente, también se vio afectada. Si bien Gallagher observa un claro retroceso democrático en el país, particularmente a través de la reforma judicial de AMLO, señala que la movilización ciudadana también aumentó, a medida que las víctimas de la violencia exigen un mayor respeto por los derechos humanos y el estado de derecho.

El rol de los movimientos sociales

Dip emphasized Latin America’s long tradition of bottom-up mobilization. Public universities were highlighted as emblematic democratic institutions, shaped by youth movements and struggles for inclusion throughout the 20th and early 21st centuries. Feminist movements across the region, particularly in the early 2000s, were cited as successful examples of social mobilization translating into concrete policy gains, including gender equity reforms within public universities and state institutions. At the same time, Dip noted a paradox: enrollment in public universities—especially in the social sciences—has declined, raising questions about accessibility and whether these institutions still function as engines of democratic participation and social mobility.

Crecimiento económico y democracia

El debate giró en torno a si el desarrollo económico puede compensar las deficiencias democráticas. Basándose en comparaciones con Asia Oriental, Soares cuestionó la premisa de que los modelos de crecimiento autoritarios necesariamente producen mejores resultados. Si bien países como Corea del Sur y Singapur experimentaron un rápido desarrollo bajo regímenes autoritarios, Soares enfatizó que el crecimiento económico por sí solo no define el bienestar humano. Las comparaciones entre Argentina y Brasil ilustraron esta tensión: a pesar de la prolongada inestabilidad económica de Argentina, este país sigue superando a Brasil en varios indicadores de desarrollo humano, lo que subraya las limitaciones del PIB como medida de progreso.

Preguntas y respuestas: La descentralización en Estados Unidos, las movilizaciones globales y el futuro de la democracia en las Américas

La conversación se amplió para abordar los patrones de movilización ciudadana en diferentes regiones. Se plantearon preguntas sobre por qué la participación juvenil parece tan sólida en casos como las protestas en Corea del Sur contra la ley marcial, pero mucho menos intensa en Estados Unidos. Carothers argumentó que la movilización en Estados Unidos ha sido significativa, pero muy descentralizada, manifestándose a través de impugnaciones legales, universidades, resistencia mediática y protestas dispersas, en lugar de un único momento decisivo. A diferencia de las rupturas autoritarias abruptas en otros lugares, el deterioro democrático en Estados Unidos se ha desarrollado mediante acciones graduales, lo que ha hecho que la respuesta colectiva sea más difusa.

Carothers instó a los participantes a no considerar el retroceso democrático como la única tendencia definitoria de la época. Paralelamente, existe una poderosa contratendencia de movilización global. Desde el sur de Asia hasta África y América Latina, las protestas masivas continúan desafiando el poder establecido, incluso si los resultados democráticos siguen siendo inciertos. En lugar de descartar la movilización como un síntoma de declive democrático, sugirió que refleja una demanda persistente de participación y dignidad.

El evento puso de manifiesto que la democracia en las Américas no está simplemente avanzando o retrocediendo, sino que se está renegociando activamente. Su futuro depende de si las instituciones son capaces de responder a las presiones ciudadanas, reconstruir la confianza —especialmente entre las generaciones más jóvenes— y demostrar que la democracia puede ofrecer no solo derechos, sino también seguridad, oportunidades y justicia.