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20 de agosto, 2026

GEO-LAC: Una nueva etapa de la integración latinoamericana — Balance, desafíos y agendas pendientes

El 20 de agosto de 2026, el Georgetown Americas Institute organizó un conversatorio GEO-LAC con Sergio Abreu, secretario general de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), y Nicolás Albertoni, investigador visitante del GAI, sobre el estado actual y el futuro de la integración latinoamericana.

Nicolas Albertoni, Sergio Abreu
Nicolas Albertoni, Sergio Abreu

Al reflexionar sobre los seis años de Abreu al frente de la ALADI, el debate examinó los avances de la región hacia una mayor integración económica y los importantes desafíos pendientes. Surgieron tres temas centrales: la necesidad de un enfoque de integración más pragmático y flexible, la importancia de la infraestructura y la competitividad, y las condiciones sociales y geopolíticas más amplias necesarias para la cooperación regional.

Un enfoque pragmático de la integración regional

Abreu sostuvo que la integración latinoamericana debe adaptarse a un entorno global cambiante y superar la expectativa de que todos los países avancen al mismo ritmo o coincidan en todos los temas. Señaló que el comercio intrarregional sigue siendo bajo en comparación con otros procesos de integración, representando aproximadamente el 14 % del comercio total de América Latina. Aumentar esa cifra, sugirió, requerirá aprovechar mejor las herramientas prácticas de las que ya disponen los países.

Según Abreu, una de las principales fortalezas de la ALADI es su sistema de acuerdos de alcance parcial. En lugar de exigir el consenso de todos los Estados miembros, estos acuerdos permiten a dos o más países avanzar en áreas específicas de interés mutuo, con la posibilidad de ampliar gradualmente dichos acuerdos a otros países. Señaló un acuerdo reciente sobre cosméticos, suscrito por 10 países, como ejemplo de cómo los países pueden reducir barreras y armonizar requisitos técnicos sin tener que esperar a un acuerdo de alcance regional.

Abreu destacó que esta flexibilidad es especialmente importante a medida que la región se enfrenta a nuevos desafíos, entre ellos el comercio digital y la transformación del comercio mundial. Durante su gestión, la ALADI también buscó ampliar el acceso a información comercial y a financiación para las pequeñas y medianas empresas mediante una plataforma digital que ofrece datos sobre aranceles, barreras no arancelarias, flujos comerciales y otros recursos. Las pequeñas y medianas empresas (pymes), señaló, son fundamentales para la economía y el empleo de la región, pero siguen estando subrepresentadas en el comercio intrarregional.

El objetivo más amplio, sostuvo Abreu, no es la integración por sí misma, sino la inclusión social y mayores oportunidades para los sectores productivos de toda la región. Para que la integración tenga éxito, los países deben centrarse menos en las diferencias ideológicas y más en la cooperación práctica, permitiendo avanzar en áreas específicas incluso cuando los gobiernos discrepen en otras.

Infraestructura, competitividad y cadenas globales de valor

Un segundo tema clave fue la relación entre la integración regional y la competitividad. Abreu subrayó que los países latinoamericanos no pueden cambiar su geografía, pero sí pueden mejorar la forma en que conectan sus economías mediante infraestructura, logística, facilitación del comercio y convergencia regulatoria.

Destacó la importancia de las carreteras, los puertos, las vías navegables y el transporte multimodal para reducir los costos de traslado de mercancías, tanto dentro de la región como hacia el exterior. La Hidrovía Paraguay-Paraná, por ejemplo, constituye una vía de salida fundamental para los países sin litoral y para las principales regiones productoras agrícolas. Asimismo, una nueva infraestructura que conecte a América del Sur con los mercados del Pacífico podría transformar el acceso de la región a Asia.

Sin embargo, la infraestructura física por sí sola no es suficiente. Abreu subrayó la necesidad de reducir las barreras administrativas y técnicas al comercio mediante medidas como los certificados de origen digitales, la mejora de los pasos fronterizos y procedimientos aduaneros más eficientes. Los países que enfrentan elevados costos de transporte y retrasos en sus fronteras tendrán dificultades para competir con productores de otras partes del mundo. Los bancos de desarrollo y otras instituciones, añadió, desempeñan un papel importante en la financiación de proyectos regionales estratégicos y en ayudar a los países a elaborar políticas a mediano plazo en torno a infraestructuras compartidas.

Estas mejoras son también fundamentales para que América Latina participe de manera más eficaz en las cadenas globales de valor. Abreu sostuvo que la integración regional no debe entenderse únicamente como la producción y el comercio de bienes finales. La infraestructura y unos mercados intrarregionales más sólidos pueden respaldar economías de servicios cada vez más importantes y crear oportunidades para que las pymes participen en redes de producción de mayor envergadura. Sin embargo, esto exigirá que la región modernice su infraestructura y sus sistemas comerciales, a fin de evitar que las empresas queden rezagadas frente a grandes multinacionales o excluidas de las industrias globales emergentes.

Integración más allá del comercio: cooperación en un mundo fragmentado

Por último, el debate subrayó que la integración latinoamericana no puede reducirse al comercio. Abreu destacó la migración, la desigualdad, la educación, la seguridad y la polarización política como desafíos que requieren cooperación regional.

La migración, en particular, se ha convertido en una cuestión social y económica de gran relevancia en toda la región. Abreu sostuvo que la política migratoria debería abordarse como parte de una agenda de integración, en lugar de tratarse únicamente como un asunto de seguridad nacional. La gestión de la migración requiere cooperación entre los países vecinos, al tiempo que se abordan los desafíos subyacentes de la desigualdad, el empleo informal y las limitadas oportunidades económicas.

Abreu también advirtió que la polarización política e ideológica puede socavar la cooperación regional. La integración, sostuvo, depende de la capacidad de los gobiernos para construir consensos a pesar de sus diferencias. Esto requiere políticas públicas a largo plazo —particularmente en educación, tecnología y desarrollo productivo— que trasciendan los ciclos electorales.

Más allá de América Latina, Abreu describió un entorno global cada vez más marcado por la competencia multipolar y el debilitamiento de las instituciones multilaterales. En este contexto, sostuvo que los países latinoamericanos tienen la oportunidad de fortalecer la cooperación plurilateral y defender la importancia de unas relaciones internacionales basadas en normas. Los países más pequeños, en particular, dependen del derecho internacional y de la seguridad jurídica para desenvolverse en un mundo dominado por las grandes potencias.

En última instancia, la evaluación de Abreu fue de optimismo cauteloso. Ya existen los mecanismos para una mayor integración, pero la región debe aprovecharlos mejor. El progreso dependerá de la cooperación práctica, la inversión en infraestructura y capital humano, y la voluntad de los líderes políticos de priorizar objetivos compartidos por encima de las divisiones ideológicas. Como concluyó Abreu, la agenda inconclusa de integración de América Latina está vinculada, en última instancia, a un desafío más amplio: fomentar un mayor diálogo, inclusión y oportunidades para las poblaciones más vulnerables de la región.