Resumen
La transición energética global no es simplemente un cambio ambiental, sino que constituye una transformación estructural de la economía política internacional. Más allá de la sustitución de combustibles fósiles, este proceso está redefiniendo los sistemas productivos, alterando las ventajas comparativas y reconfigurando la geografía del poder industrial. Tecnologías como la energía solar, la eólica, las baterías, la movilidad eléctrica, las redes inteligentes y el hidrógeno limpio están insertas en cadenas globales de valor (CGV) complejas que integran extracción de recursos, procesamiento industrial, manufactura avanzada, capacidades tecnológicas, infraestructura y financiamiento (Dechamps, 2023; Gereffi, 2014, 2018).
Cadenas Globales de Valor en la Transición Energética ante una nueva Geopolítica
Autor: Nicolás Albertoni
Esta transformación ocurre en paralelo a una reconfiguración más amplia de la globalización. Las CGV que en décadas recientes se organizaron en torno a eficiencia y reducción de costos están siendo crecientemente moldeadas por consideraciones de resiliencia, seguridad económica y autonomía estratégica (Antràs, 2020). En consecuencia, la organización de la producción global ya no responde únicamente a señales de mercado, sino también a decisiones geopolíticas e industriales.
En este nuevo contexto, América Latina y el Caribe (ALC) ocupa una posición ambivalente. Por un lado, dispone de activos estratégicos significativos: reservas de minerales críticos como litio y cobre, abundancia de recursos renovables y creciente relevancia en los debates globales sobre diversificación de proveedores. Por otro, enfrenta restricciones estructurales persistentes: baja densidad industrial, debilidad en sistemas de innovación, déficits de infraestructura y fragmentación institucional que limitan su capacidad de capturar valor y avanzar en procesos de upgrading (Gereffi, 2005; Humphrey & Schmitz, 2002)
El punto principal que resalta este informe es que la participación de la región en las CGV de la transición energética es prácticamente inevitable, pero sus resultados en términos de desarrollo no lo son. La evidencia histórica sugiere que la inserción internacional, especialmente basada en recursos naturales, no conduce automáticamente a transformación productiva, sofisticación tecnológica ni desarrollo sostenido (Baldwin, 2016, 2018; Gereffi, 2018).
A partir de la literatura sobre CGV y de estudios sectoriales recientes, se identifican cinco patrones estilizados: la captura de valor es altamente desigual; los segmentos críticos están concentrados geográficamente; la abundancia de recursos no garantiza upgrading; la política industrial y la geopolítica están redefiniendo las cadenas; y las oportunidades son heterogéneas entre sectores.
La implicancia en términos de política pública es que la transición energética no debe entenderse como una oportunidad automática, sino como una prueba estratégica. El resultado dependerá menos de la dotación de recursos que de la capacidad de construir capacidades productivas, institucionales y de coordinación.
Finalmente, vale resaltar que este trabajo profundiza en una línea de trabajo vinculada a las cadenas globales de valor de la energía que se viene desarrollando desde el Georgetown American Institute (GAI), mediante estudios como “Latin America in the new geometry of global supply chains” (Estevadeordal et al., 2024), y “Value chains for the energy transition: Opportunities for Latin American countries in a changing landscape” (González et al., 2024).