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18 de agosto, 2026

El estado de la democracia en Ecuador

El 18 de agosto de 2026, el Georgetown Americas Institute organizó una conversación con Flavia Freidenberg, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Lorenzo Córdova, investigador residente del GAI, sobre el estado de la democracia en Ecuador.

Lorenzo Cordova, Flavia Freidenberg
Lorenzo Cordova, Flavia Freidenberg

Basándose en más de dos décadas de estudio de la política ecuatoriana, Freidenberg trazó la evolución democrática del país desde su transición a la democracia a finales de la década de 1970 hasta sus actuales desafíos políticos e institucionales. La conversación destacó tres temas centrales: las persistentes debilidades institucionales de Ecuador, el legado de la polarización y el correísmo, y la creciente amenaza que representan la inseguridad y la erosión democrática.

Un sistema democrático marcado por la debilidad institucional

Freidenberg sostuvo que muchos de los problemas políticos actuales de Ecuador tienen su origen en divisiones estructurales y debilidades de larga data en su sistema político. Ecuador, explicó, ha estado históricamente dividido por líneas regionales, étnicas y, más recientemente, ideológicas. Sin embargo, ni su diseño institucional ni su sistema de partidos han logrado resolver o representar eficazmente estas divisiones.

Una característica central de la política ecuatoriana ha sido la debilidad de los partidos políticos programáticos. En su lugar, el país ha generado reiteradamente movimientos marcadamente personalistas organizados en torno a líderes carismáticos. Freidenberg describió estas organizaciones como vehículos electorales más que como partidos sólidos e institucionalizados, un fenómeno que se ha acentuado aún más en los últimos años. Esto ha contribuido a la inestabilidad de las mayorías gubernamentales, a una débil lealtad partidista y a una cultura política en la que el acuerdo y el compromiso suelen verse con recelo.

La transición de Ecuador a la democracia en 1978 estableció un sistema democrático formal e introdujo una importante tradición de consulta pública sobre las normas institucionales. Sin embargo, la historia democrática del país también ha estado marcada por reiteradas crisis institucionales e intentos de resolver problemas políticos mediante reformas constitucionales. Hacia finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, el sistema de partidos tradicional se había derrumbado en gran medida en medio de una creciente frustración ciudadana con la clase política.

Según Freidenberg, estas debilidades subyacentes permanecen sin resolver hoy en día. Ecuador sigue celebrando elecciones competitivas, pero su democracia carece de los partidos políticos sólidos y de las instituciones estatales necesarias para atender las demandas ciudadanas y garantizar la estabilidad a largo plazo. En sus palabras, el país cuenta ahora con lo que, cada vez más, son poco más que etiquetas utilizables para llevar al poder a candidatos individuales.

El legado del correísmo y la profundización de la polarización

El segundo tema principal del debate fue el impacto duradero de Rafael Correa y la Revolución Ciudadana en el sistema político de Ecuador. Freidenberg ofreció una evaluación equilibrada del correísmo, destacando tanto los logros sociales e institucionales de ese periodo como sus consecuencias para la democracia liberal.

El presidente Correa aportó un nivel de estabilidad política sin precedentes a un país acostumbrado a crisis presidenciales y gobiernos de corta duración. Su administración fortaleció la capacidad del Estado y logró reducciones significativas de la pobreza, al tiempo que amplió la inversión en infraestructura, salud, educación y seguridad social. Asimismo, el gobierno estrechó los vínculos con los ecuatorianos residentes en el extranjero y amplió su representación política.

Al mismo tiempo, sin embargo, la concentración de poder en el Ejecutivo, la presión sobre los medios de comunicación, las restricciones al pluralismo y el conflicto con los opositores políticos debilitaron dimensiones importantes de la gobernanza democrática. Freidenberg sostuvo que las elecciones seguían siendo fundamentales para el sistema, pero que las dimensiones liberales de la democracia —incluidas la libertad de expresión y los mecanismos institucionales de pesos y contrapesos— se vieron erosionadas.

La ruptura interna entre Correa y su sucesor, el presidente Lenín Moreno, reabrió el espacio para la competencia política y contribuyó a la recuperación de algunos indicadores democráticos. Sin embargo, las divisiones políticas surgidas en ese periodo siguen definiendo la política ecuatoriana. Hoy, Freidenberg describió un país dividido principalmente entre el correísmo y un anticorreísmo cada vez más amplio y menos claramente definido.

Esta polarización efectiva ha dificultado la construcción de consensos en torno a la reforma institucional. Freidenberg subrayó que la polarización no siempre es un mero reflejo de profundas divisiones sociales; los líderes políticos también pueden fomentarla deliberadamente como estrategia electoral. Por tanto, el futuro político de Ecuador dependerá en parte de si la ciudadanía y las élites políticas logran superar un sistema basado en definirse principalmente por oposición a sus adversarios.

La inseguridad y el riesgo de erosión democrática

El tercer desafío importante abordado fue el drástico deterioro de la seguridad en Ecuador. Freidenberg y Córdova señalaron que el crimen organizado y la violencia se han convertido en rasgos centrales del panorama político del país en los últimos años. La expansión de las redes criminales no solo ha transformado la vida cotidiana, sino que también ha penetrado en la política electoral, de manera más evidente con el asesinato del candidato presidencial Fernando Villavicencio durante las elecciones de 2023.

En este contexto, el presidente Daniel Noboa logró consolidar apoyo político en torno a una agenda de seguridad contundente. Freidenberg señaló que Ecuador sigue siendo una democracia electoral formal, caracterizada por elecciones competitivas y una competencia política real. No obstante, advirtió que indicadores recientes apuntan a un nuevo deterioro en la calidad de la democracia. La expansión del poder ejecutivo y el recurso a facultades de emergencia como respuesta a la inseguridad han suscitado inquietud ante una erosión más amplia de las instituciones democráticas. Paralelamente, el país continúa enfrentando altos niveles de violencia y una grave crisis económica.

En última instancia, Freidenberg sostuvo que el futuro democrático de Ecuador dependerá de abordar las debilidades estructurales que han persistido a lo largo de su historia política moderna. Será necesario fortalecer la capacidad del Estado, reconstruir los partidos políticos, mejorar la capacidad del gobierno para garantizar la seguridad y los servicios públicos esenciales, y crear incentivos para el acuerdo político. Romper el ciclo de polarización del país será particularmente difícil, concluyó, pero sin una cultura democrática más sólida y un mayor compromiso con la construcción de consensos, a Ecuador le costará consolidar su democracia.