El estado de la democracia en México
Como parte de la serie virtual «Desafíos para la democracia: el panorama latinoamericano», el profesor Lorenzo Córdova —investigador residente del GAI— moderó el 9 de julio un conversatorio con José Woldenberg —politólogo y sociólogo mexicano que presidió el Instituto Federal Electoral y actualmente dirige la revista *Nexos*— para analizar el estado actual de la democracia en México.
La conversación abordó el contexto histórico y las reformas que condujeron a la democratización del país, los desafíos subsiguientes y su actual retroceso hacia el autoritarismo.
Reformas electorales en la dictadura perfecta
Woldenberg contextualizó históricamente la transición de la «dictadura perfecta» a una verdadera democracia. Entre 1977 y 2014, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), entonces en el poder, impulsó ocho reformas que incrementaron la competencia electoral y la diversidad en la representación de los partidos políticos. Los efectos de estos cambios electorales tuvieron un alcance mayor y terminaron por limitar el poder del presidente, aumentar las facultades del Congreso y fortalecer la independencia del sistema judicial.
Tras la violencia y la represión ejercidas por el gobierno durante las revueltas estudiantiles de 1968, se intensificaron los conflictos y la presencia de grupos armados en los campus universitarios de todo el país. El malestar y el descontento con el sistema electoral aumentaron, dado que las elecciones presidenciales de 1976 ofrecían únicamente un candidato del PRI, sin candidatos de partidos de oposición. Consciente de la necesidad de cambio, el PRI implementó la reforma de 1977, la cual permitió que otros partidos políticos compitieran por cargos tanto del poder ejecutivo como del legislativo.
Esto dio lugar a las primeras elecciones presidenciales competitivas en México en 1985, según Woldenberg. A pesar de estos cambios, el electorado seguía estando mayoritariamente insatisfecho. El PRI reconoció la necesidad de crear un sistema electoral que ofreciera imparcialidad. En 1989 y 1990, con el fin de recuperar la confianza, el partido implementó reformas que crearon el Instituto Federal Electoral (actualmente el Instituto Nacional Electoral o INE).
Estos nuevos organismos electorales sacaron oficialmente a la luz problemas que la opinión pública sospechaba desde hacía tiempo. En las elecciones de 1994, ocho de cada diez pesos gastados en el proceso electoral correspondían a fondos públicos utilizados por el PRI. Como consecuencia, se promulgaron las reformas de 1996 sobre el financiamiento de campañas, las cuales garantizaban una distribución equitativa de los fondos públicos y del acceso a los medios de comunicación entre todos los partidos. Desde la implementación de estas reformas, México ha experimentado una mayor alternancia entre partidos políticos en los órganos de gobierno municipales, estatales y federales.
Dictadura frente a democracia autoritaria
Woldenberg sostuvo que el caso mexicano difiere del de Argentina, Chile y otros países latinoamericanos bajo dictadura, ya que se trataba de una democracia autoritaria. Dado que las dictaduras no permitían la coexistencia de partidos políticamente diversos, dichos países requirieron momentos fundacionales —a menudo mediante rupturas violentas— para emprender cambios gubernamentales integrales. Posteriormente, redactaron nuevas constituciones con la esperanza de retornar a un pasado democrático y recuperar las libertades de las que habían gozado antes de la dictadura.
En México, la transición a la democracia fue gradual y sin rupturas mayores. Durante los 71 años de gobierno del PRI, México contó con una constitución democrática; sin embargo, carecía de partidos de oposición fuertes y diversos, así como de un marco institucional electoral adecuado. Ambas cuestiones se subsanaron mediante reformas. Tras no haber gozado nunca de derechos como la libertad de expresión, de asociación o de protesta, el país inició una nueva etapa. Experimentar una democracia auténtica por primera vez propició un auge en la creación de organizaciones no gubernamentales (ONG) y el fortalecimiento de la sociedad civil.
Democracia y desilusión
La transición democrática trajo consigo expectativas sobre los frutos que podría dar la democracia, las cuales finalmente no se vieron satisfechas. Córdova señaló que la democracia no resolvió los problemas del país, ya que la democracia en sí misma no genera libertad, igualdad ni crecimiento económico. De hecho, en los años posteriores a las reformas democráticas, las tasas de pobreza se estancaron.
Cuando las condiciones materiales de las personas no mejoran, el malestar comienza a crecer. — José Woldenberg
Woldenberg aportó contexto histórico sobre la situación económica del país. Entre 1932 y 1982, bajo un liderazgo autoritario, México experimentó un crecimiento económico significativo, aunque distribuido de manera desigual. A pesar de ello, la situación económica de cada generación mejoró respecto a la anterior en todo el espectro socioeconómico. Esto generó un consenso pasivo entre la ciudadanía en torno a la democracia. Sin embargo, desde 1982 hasta la actualidad, la economía no ha mejorado de forma significativa, dejando a los hijos en peores condiciones que a sus padres. Según Woldenberg, muchas familias de clase trabajadora y de escasos recursos se sienten desencantadas con la democracia debido a que sus condiciones materiales no han mejorado.
El retorno de la desconfianza
En este contexto, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente de México de 2018 a 2024, ganó poder político capitalizando tanto las reformas electorales como el descontento social generado por las expectativas insatisfechas de las clases pobres y trabajadoras. En un escenario político marcado por una corrupción desenfrenada y un aumento de la violencia, la desconfianza en el sistema electoral se reavivó con las controvertidas elecciones de 2006, en las que AMLO quedó en segundo lugar.
Tanto Woldenberg como Córdova señalaron la importancia del papel que desempeña quien queda en segundo lugar, en comparación con el ganador, en las elecciones democráticas. El ganador se ha visto beneficiado por el sistema y siempre lo elogiará, mientras que recae sobre el segundo lugar la responsabilidad de aceptar los resultados para fomentar la confianza pública en el sistema electoral. Este no fue el camino que eligió AMLO en 2006, pues alegó fraude tras perder la contienda presidencial. Su estrategia resultó tan eficaz en aquel momento que, a pesar de la falta de pruebas, un tercio de la población mexicana creía que se había cometido fraude electoral. En respuesta, las administraciones posteriores promulgaron reformas electorales —tanto en 2007 como en 2014— con el fin de recuperar la confianza de la ciudadanía.
Retroceso autoritario y el camino por delante
Woldenberg advirtió que México atraviesa actualmente una regresión autoritaria. Describió la estrategia de etiquetas y alineación de clases empleada por AMLO, quien creó el partido MORENA como un paraguas para la diversidad política y luego se erigió como la única voz del pueblo —es decir, de la ciudadanía mexicana—. Desde entonces, cualquier ONG, partido político, medio de comunicación o académico que critique a AMLO es tachado inmediatamente de actuar en contra de los intereses del pueblo mexicano.
Mientras la vía electoral permanezca abierta, debe recorrerse. — José Woldenberg
De cara al futuro, Woldenberg planteó estrategias para ayudar a combatir el retorno al autoritarismo. Insistió en que, mientras exista la vía electoral, esta debe utilizarse para elegir candidatos que defiendan la democracia. En segundo lugar, señaló la importancia de fortalecer a las organizaciones no gubernamentales (ONG) del país, las cuales desempeñan un papel fundamental a la hora de ampliar el debate público y generar soluciones diversas a los problemas nacionales. En tercer lugar, subrayó la importancia de la diversidad política y rechazó la idea de que todos los mexicanos puedan encajar en un único partido político. Asimismo, destacó la importancia de la autonomía universitaria para facilitar el acceso a un conocimiento que permita a los ciudadanos construir formas de representación política más complejas y sofisticadas.