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2 de febrero, 2026

Jorge Castañeda sobre Cambios Hemisféricos, Poder y Estrategia en América Latina

El 2 de febrero de 2026, el Georgetown Americas Institute (GAI) organizó una conversación con Jorge G. Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores de México, sobre América Latina y la transición geopolítica y económica. El evento exploró temas geopolíticos urgentes, incluyendo el futuro de Venezuela y la estrategia más amplia de Estados Unidos hacia América Latina en el contexto de la competencia entre grandes potencias con China, así como el papel de la región en la gestión de esta rivalidad mientras enfrenta sus propias debilidades económicas estructurales y fragilidades democráticas. La conversación fue moderada por Eduardo Porter, columnista de The Guardian, y Alejandro Werner, director fundador del GAI.

Captura de pantalla del seminario virtual con Eduardo Porter, Jorge Castañeda y Alejandro Werner
Captura de pantalla del seminario virtual con Eduardo Porter, Jorge Castañeda y Alejandro Werner

La “soledad” de América Latina y los límites de la coordinación regional

Castañeda argumentó que América Latina está atravesando un renovado momento de “soledad” en los asuntos mundiales. A su juicio, la región ha tenido dificultades para actuar colectivamente en momentos críticos, particularmente cuando enfrenta rupturas democráticas o shocks geopolíticos. Señaló la crisis venezolana como un caso emblemático de esta fragmentación.

Según Castañeda, tras las controvertidas elecciones de 2024 en Venezuela, gobiernos clave de la región —incluidos Brasil, Colombia y México— no lograron coordinar una respuesta firme y unificada mediante presión diplomática sostenida. Este vacío, sostuvo, dejó espacio para que Estados Unidos actuara de manera unilateral. Para Castañeda, este episodio ilustra un patrón más amplio: América Latina suele reaccionar a los acontecimientos externos en lugar de moldearlos mediante una estrategia colectiva. Argumentó que, sin una mayor alineación regional, los países latinoamericanos continuarán siendo marginados en decisiones que los afectan directamente.

Venezuela y Cuba: intervención, la cuestión de la legitimidad y la pasividad regional

Al abordar Venezuela de manera más directa, Castañeda describió la remoción de Nicolás Maduro por parte de la administración Trump como una forma distintiva de intervención. Enfatizó que no se asemejó a ocupaciones militares tradicionales a gran escala, sino más bien a una operación dirigida a remover a la cúpula del régimen, preservando partes del aparato administrativo. Si bien reconoció la controversia que rodea este tipo de acciones, argumentó que esfuerzos diplomáticos previos —como sanciones, negociaciones y foros regionales— no habían logrado producir un cambio democrático. En su evaluación, la intervención alcanzó su objetivo inmediato y abrió un espacio político, aunque la estabilidad a largo plazo de Venezuela sigue siendo incierta.

Castañeda sugirió que los gobiernos latinoamericanos deberían ahora centrarse en moldear la transición, promoviendo la liberación de presos políticos, el retorno seguro de líderes de la oposición, procesos electorales creíbles y la restauración del control nacional sobre los ingresos petroleros. Subrayó que el compromiso pragmático, más que el posicionamiento ideológico, será clave para influir en los resultados durante este periodo de transición.

La discusión se extendió luego a Cuba, donde Castañeda argumentó que la administración Trump parecía decidida a intensificar la presión económica sobre el régimen cubano, con el objetivo implícito de provocar una transformación política. Expresó escepticismo sobre la efectividad de esta estrategia, pero sostuvo que refleja una mayor asertividad de Washington en el hemisferio. Criticó lo que consideró una limitada iniciativa diplomática de América Latina respecto a Cuba, señalando que los gobiernos de la región no han articulado un enfoque alternativo coherente que combine principios democráticos con un compromiso pragmático. En su opinión, en ausencia de un esfuerzo regional coordinado para promover una liberalización gradual y reformas electorales, la presión externa continuará dominando el panorama de políticas.

“Los gobiernos de América Latina —una vez más, tanto los de derecha como los de izquierda— estarán dispuestos a participar en intentar finalmente convencer a los cubanos de que es momento de aceptar una transición hacia un cambio de régimen. Todos los aspectos, todas las facetas de esa transición son negociables, pero el objetivo final es claro. Esto implica, obviamente, en primer lugar, la liberación de todos los presos políticos, libertades de asociación, organización y expresión, entre otros.” — Jorge G. Castañeda.

Rivalidad EE.UU.-China y un hemisferio estructuralmente dividido

Un tema central de la conversación fue la creciente división estratégica entre América del Norte y América del Sur en el contexto de la competencia entre Estados Unidos y China. Castañeda sostuvo que la cuenca del Caribe, incluyendo México y Centroamérica, permanece profundamente integrada con Estados Unidos a través de acuerdos comerciales, flujos migratorios, remesas y cooperación en seguridad. Estos vínculos estructurales, sugirió, limitan la capacidad de estos países para alejarse de Washington.

En contraste, América del Sur ha desarrollado amplios lazos comerciales con China, que se ha convertido en un socio comercial e inversionista clave en países como Brasil, Chile y Perú. Castañeda señaló que incluso líderes que hicieron campaña con una retórica pro-estadounidense han mantenido relaciones económicas con Beijing una vez en el poder, reflejando realidades estructurales más que preferencias ideológicas. Argumentó que los esfuerzos de Estados Unidos por reducir la influencia de China en América del Sur requerirán ofrecer alternativas económicas competitivas —inversión, acceso a mercados y financiamiento de infraestructura— en lugar de depender únicamente de la presión geopolítica.

Ciclos electorales e incertidumbre política

Durante la discusión, Porter planteó preocupaciones sobre las implicaciones de la intervención estadounidense en Venezuela, señalando que parecía romper con modelos previos como Irak, Afganistán o Libia. Sugirió que la remoción de Maduro, manteniendo gran parte de la estructura del régimen, podría percibirse en Washington como un éxito estratégico, potencialmente incentivando intervenciones más agresivas en el futuro. Castañeda coincidió en que el caso es relativamente novedoso, particularmente como la primera intervención directa de tropas estadounidenses en América del Sur, pero enfatizó que no implicó una ocupación prolongada ni la imposición de un gobierno títere. Señaló que su éxito a largo plazo dependerá de si Venezuela logra una transición democrática genuina, incluyendo elecciones libres, reconstrucción institucional y el retorno de exiliados, advirtiendo que las condiciones excepcionales del caso venezolano serían difíciles de replicar en otros contextos.

Werner preguntó posteriormente si Estados Unidos podría intentar influir en elecciones próximas en Brasil, Colombia o Perú, y si la administración Trump utilizaría herramientas financieras para contrarrestar las inversiones chinas en la región. Castañeda expresó escepticismo respecto a que Washington promueva inversión externa, señalando que el presidente Donald Trump ha priorizado la atracción de capital hacia Estados Unidos en lugar de su salida, lo que limita la capacidad estadounidense para competir con el financiamiento de infraestructura chino. En cuanto a elecciones, sugirió que Estados Unidos probablemente evitaría una intervención abierta en Brasil, pero podría verse más tentado a involucrarse en Colombia o Perú, especialmente debido a preocupaciones estratégicas como el desarrollo del puerto de Chancay en Perú.

Sesión de Preguntas y Respuestas 

Durante la sesión de preguntas y respuestas, Castañeda abordó interrogantes sobre el panorama político de Brasil, la estabilidad del régimen en Nicaragua, la competencia económica entre Estados Unidos y China, y las implicaciones éticas de la intervención. Señaló que la configuración política actual de Brasil favorece la continuidad, aunque persisten incertidumbres de cara a futuras elecciones. En Nicaragua, observó que los regímenes altamente personalistas pueden ser más frágiles de lo que aparentan. Reiteró que la huella económica de China en América del Sur le otorga una influencia duradera, mientras que Estados Unidos mantiene ventajas estructurales en finanzas y seguridad. A lo largo del intercambio, volvió a su idea central: que el mayor desafío de América Latina en esta transición geopolítica no es solo la presión externa, sino también su propia falta de una estrategia regional coordinada.