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15 de abril, 2026

América Latina en un momento de transición política y geoeconómica

El 15 de abril de 2026, el Georgetown Americas Institute organizó una conversación de alto nivel para examinar el papel cambiante de América Latina en medio de las dinámicas geopolíticas y económicas en evolución. Moderado por Eduardo Porter y Alejandro Werner, el evento contó con la intervención principal de Juan González, exdirector sénior para el Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional.

Eduardo Porter, Juan Gonzalez y Alejandro Werner
Eduardo Porter, Juan Gonzalez y Alejandro Werner

Enmarcando un momento de transformación estructural

González inició su intervención situando al Hemisferio Occidental dentro de un contexto global más amplio, marcado por la disrupción geopolítica y la incertidumbre económica. Sostuvo que la región ha dejado de ser periférica para la política exterior de Estados Unidos, adquiriendo en cambio un carácter cada vez más central, dado que los acontecimientos en América Latina inciden directamente en las condiciones políticas y económicas internas de Estados Unidos. Identificó tres cambios estructurales que configuran este momento: la transición de la globalización hacia un marco basado en la seguridad y la resiliencia; el cierre de la ventana demográfica de América Latina; y la erosión de las fronteras entre la política interna y la exterior en el proceso de toma de decisiones de Estados Unidos.

Estas dinámicas, señaló, han intensificado la urgencia de las respuestas políticas en toda la región, particularmente a medida que la inestabilidad global —incluido el conflicto en Oriente Medio— ejerce una presión adicional sobre el crecimiento económico y la asignación de recursos.

El ejercicio del poder de Estados Unidos en el hemisferio

González esbozó tres características definitorias de la actual participación de Estados Unidos en América Latina. En primer lugar, la seguridad se considera una condición habilitante para la cooperación, abarcando la gestión migratoria, la seguridad energética y la resiliencia de las cadenas de suministro. En segundo lugar, se emplean instrumentos económicos —tales como aranceles, sanciones y herramientas regulatorias— como mecanismos de alineación conductual, en lugar de meras medidas punitivas. En tercer lugar, las campañas de presión sostenida se han convertido en un enfoque político central, particularmente en Venezuela y Cuba.

Al abordar la situación de Venezuela, González describió un escenario de incertidumbre política tras la destitución de Nicolás Maduro, con múltiples trayectorias posibles que van desde una transición democrática hasta una inestabilidad persistente. En cuanto a Cuba, hizo hincapié en los riesgos de ejercer presión sin una estrategia claramente articulada para la transición política o económica, advirtiendo que tales enfoques podrían exacerbar la fragmentación en lugar de generar alineamiento.

De la competencia militar a la geoeconómica

Un argumento central del evento fue que la influencia en el hemisferio ya no está determinada principalmente por el poder militar, sino por la capacidad económica y tecnológica. González identificó la infraestructura, los sistemas digitales y los minerales críticos como ámbitos clave de competencia. En este contexto, China ha establecido una presencia significativa en América Latina mediante inversiones a largo plazo en puertos, sistemas energéticos y cadenas de suministro.

En lugar de abogar por la exclusión, González sostuvo que Estados Unidos debería centrarse en moldear las normas que rigen la interacción económica. Subrayó que la gobernanza democrática sigue constituyendo una ventaja comparativa para Estados Unidos, si bien su credibilidad depende de la coherencia entre la práctica interna y la defensa de dichos principios en el ámbito internacional.

Las restricciones estructurales de América Latina

González caracterizó a América Latina como una región «limitada por la ejecución» más que por la falta de capital. Si bien existen oportunidades de inversión, la región ha tenido dificultades para traducirlas en un crecimiento sostenido debido a la escasa productividad, las limitaciones institucionales y la fragmentación de las políticas. Destacó los bajos niveles de comercio intrarregional como un indicador clave de debilidad estructural, señalando que los países latinoamericanos comercian más con socios externos que entre sí.

Esta fragmentación, argumentó, reduce el poder de negociación de la región en una era de competencia entre grandes potencias, en la que los bloques coordinados se encuentran en una mejor posición para negociar condiciones favorables.

Una agenda estratégica para la integración regional

Para abordar estos desafíos, González propuso cinco áreas prioritarias para la acción regional. En primer lugar, revitalizar la integración comercial mediante marcos similares a la Alianza del Pacífico, con el objetivo de crear un bloque comercial hemisférico más amplio. En segundo lugar, desarrollar estrategias coordinadas en materia de minerales críticos y energía para superar los modelos de exportación de materias primas e incrementar la producción de valor agregado. En tercer lugar, establecer un marco regional de gobernanza de infraestructuras para fijar estándares de transparencia, financiamiento y sostenibilidad. En cuarto lugar, armonizar los sistemas digitales y regulatorios para facilitar la actividad económica transfronteriza, particularmente en el ámbito de las tecnologías financieras. En quinto lugar, replantear la migración como un activo económico mediante sistemas coordinados de movilidad laboral y reconocimiento de credenciales.

A lo largo de estas recomendaciones, González enfatizó que la integración debe ser tratada como un objetivo estratégico central, y no como una meta política secundaria.

Dinámicas políticas en la región

La conversación también analizó el aparente giro hacia gobiernos de tendencia derechista en América Latina. González sugirió que esta tendencia refleja una insatisfacción más amplia de los votantes con los resultados de la gestión gubernamental, más que un realineamiento ideológico permanente. La perdurabilidad de este cambio, argumentó, dependerá de si los gobiernos actuales logran generar crecimiento económico y estabilidad institucional.

Señaló que los actores externos, incluidos los Estados Unidos, pueden influir en estas dinámicas, si bien dicha intervención podría generar consecuencias imprevistas, dependiendo del momento y del contexto.

Conclusión

El evento puso de relieve que América Latina atraviesa un periodo de acentuada relevancia geopolítica y de limitaciones internas. Si bien las potencias externas continúan moldeando las dinámicas regionales, González enfatizó que la región conserva una capacidad de agencia significativa, aunque subutilizada. La capacidad de actuar colectivamente mediante la integración económica y política determinará si América Latina logra trazar su propia trayectoria de desarrollo o si permanece supeditada a fuerzas externas en un entorno global cada vez más competitivo.