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3 de marzo, 2026

El auge del crimen organizado y el realineamiento político en América Latina

La conversación se desarrolló en un contexto de cambios en el panorama criminal de la región, como el reciente asesinato de Nemesio “El Mencho” Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, a manos de las fuerzas armadas mexicanas. Se analizó la diversificación de las operaciones de las organizaciones criminales y su vinculación con las estructuras políticas, factores que han llevado a las democracias latinoamericanas al borde del colapso.

Alejandro Werner, Lucia Dammert y Eduardo Porter
Alejandro Werner, Lucia Dammert y Eduardo Porter

El cambio del narcotráfico a las economías criminales

Dammert describió una transformación fundamental: el crimen organizado en América Latina ya no se limita al narcotráfico. Los grupos del crimen organizado se han diversificado hacia una variedad de mercados ilícitos, como la minería ilegal de oro, la trata de personas, el contrabando de madera y el comercio de animales exóticos, mercados que ahora suelen generar mayores ganancias que el narcotráfico. Mencionó que la pandemia de COVID-19 aceleró este cambio, en particular la expansión de la extorsión, que se ha generalizado en toda la región.

Dammert explicó que hoy en día existe un mercado ilegal para casi todos los productos legales; ya no se trata solo de estructuras para el tráfico de drogas ilícitas. Debido a la alta demanda, argumentó que incluso si se elimina una red criminal, surgirá otra para llenar el vacío. Identificó tres factores que han propiciado este crecimiento del crimen organizado: el flujo masivo de armas hacia América Latina, la falta de control contra el lavado de dinero y el deterioro de las instituciones políticas.

La relación del Estado con el crimen organizado

La conversación también abordó la cambiante relación entre el crimen organizado y el Estado. Dammert cuestionó la visión popular de que el crimen organizado prospera únicamente en zonas sin control estatal. En cambio, argumentó que el crimen organizado también opera donde el Estado está presente, beneficiándose de alianzas con autoridades locales, jueces y figuras políticas. Sostuvo que el Estado mantiene una relación simbiótica con los mercados ilícitos, atacando solo a los eslabones más débiles de la cadena criminal. Esta relación ha provocado una crisis de legitimidad política, donde los ciudadanos perciben la política y el crimen como indistinguibles. Además, señaló el creciente número de extorsiones como la gota que colmó el vaso y erosionó la tolerancia pública.

“Cuando tu vida cotidiana empieza a estar controlada por organizaciones de diversa índole, cuyas identidades desconoces del todo, pero que se alzan amenazadoramente ante ti, es entonces cuando la democracia desaparece como concepto.” - Lucia Dammert

Fragmentación, corrupción y el modelo de Bukele

Dammert analizó a continuación cómo el auge del crimen organizado está transformando los sistemas políticos en América Latina. Los grupos criminales ya no financian campañas políticas, sino que también buscan el poder político, especialmente a nivel local y municipal. Simultáneamente, los votantes, frustrados por la inseguridad, se inclinan por candidatos que prometen políticas estrictas, independientemente de sus ideales democráticos.

Según Dammert, esta dinámica creciente ha impulsado el atractivo de líderes autoritarios como el presidente Nayib Bukele en El Salvador. Sostuvo que Bukele reconoció la gravedad de la crisis política salvadoreña y encontró la manera de comunicarse y obtener resultados. Por lo tanto, para quienes sufren extorsión a diario, el modelo de Bukele parece ser eficaz. Sin embargo, el reto reside en cómo lograr resultados similares dentro del marco del Estado de derecho.

Estrategia para el cambio

Para Dammert, la respuesta de América Latina al crimen organizado se ha caracterizado por una retórica contundente pero una aplicación débil de la ley, por lo que abogó por una reestructuración de las prioridades. Su primera recomendación fue implementar la transparencia en el financiamiento de campañas políticas para romper la relación financiera entre políticos y crimen organizado. En segundo lugar, enfatizó la necesidad de una mayor inteligencia financiera para combatir el lavado de dinero, señalando que el crimen organizado se ha volcado hacia las criptomonedas y las empresas fantasma. En tercer lugar, instó a adoptar un enfoque regional y hemisférico para el tráfico de armas, señalando el flujo de armas provenientes de Estados Unidos que alimenta la violencia de los cárteles y la delincuencia común.

Dammert destacó la importancia de reformar sectores específicos. Argumentó que ciertas actividades ilícitas, como la minería y la tala ilegales, existen en parte debido a la excesiva burocracia de los canales legales. Considera que debemos reflexionar de forma creativa sobre qué regulación es realmente necesaria para eliminar el lucro del crimen organizado.

Cooperación en medio de la desconfianza

En cuanto a la cooperación regional para combatir la delincuencia transnacional, Dammert señaló que los esfuerzos multilaterales se han debilitado debido a los enfoques bilaterales y la creciente desconfianza entre los organismos de seguridad nacional. Dado que Estados Unidos se centra en acuerdos bilaterales y Europa ha prestado atención recientemente a la crisis del consumo de cocaína, argumentó que América Latina carece de un camino claro hacia una respuesta coordinada. Concluyó que los gobiernos de derecha podrían decidir actuar conjuntamente contra el crimen organizado.

El panel concluyó con un sentimiento colectivo de urgencia para combatir el crimen organizado en América Latina. Dammert enfatizó que América Latina se encuentra en una encrucijada. Sin una inversión real en transparencia, inteligencia y regulación, la región corre el riesgo de sufrir una mayor erosión democrática, ya que los ciudadanos podrían recurrir a líderes autoritarios que prometen orden a cualquier precio.