Cuando el hegemón se desboca: cómo adaptarse a la política exterior beligerante de Washington
El 25 de marzo de 2026, el Instituto de Estudios Americanos de Georgetown organizó un debate sobre los recientes cambios en el orden internacional liberal y sus implicaciones para la economía global, en particular en América Latina. El debate contó con la participación del economista ganador del Premio Nobel, Paul Krugman, profesor de investigación en el Centro de Posgrado de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y excolumnista de The New York Times. La conversación fue moderada por Eduardo Porter, columnista de The Guardian y autor del blog “Being There” en Substack, y Alejandro Werner, director fundador del GAI, como parte de la serie « América Latina y la Transición Geopolítica y Económica: Cómo Aprovechar la Revolución».
El desmoronamiento del orden liberal
Krugman comenzó contrastando los antiguos estándares de la posguerra, caracterizados por una ética de no guerras de conquista y respeto a los acuerdos comerciales firmados, con las tendencias actuales de proteccionismo comercial y conflicto. Si bien Estados Unidos nunca había sido una potencia completamente benevolente, habiendo derrocado históricamente regímenes en América Latina y en todo el mundo, en general había acatado sus propias reglas. Ahora, argumenta Krugman, esto ya no es así.
“Estados Unidos ahora piensa: 'Somos poderosos. Vamos a conseguir lo que queramos', pero no somos tan poderosos como nos damos cuenta día a día”. - Paul Krugman
Analizó la evolución del comercio mundial, desde un simple intercambio de bienes finales hasta una compleja red de bienes intermedios que abarca múltiples continentes. Esta hiperglobalización, de reciente aparición, ha generado una enorme eficiencia, pero también ha introducido vulnerabilidades, como los puntos críticos en el estrecho de Ormuz, el estrecho de Malaca y el canal de Panamá, donde un solo actor podría interrumpir las cadenas de suministro. En definitiva, explica que el comercio mundial se convirtió en una doble hegemonía donde tanto Estados Unidos como el Reino Unido imponían las reglas, pero ahora ese orden ya no funciona.
Los límites del daño económico y la amenaza de la militarización
Respecto al impacto de la disminución de la globalización en el comercio internacional, Krugman estimó que el impacto directo en el PIB sería mínimo, señalando que las ineficiencias en el sector salud perjudicarían más a la economía estadounidense que las medidas comerciales proteccionistas. También expresó su preocupación por los estados más pequeños y pobres que han dependido de las cadenas de suministro globales como vía para un rápido desarrollo económico. Según Krugman, la persistencia de las interrupciones comerciales haría vulnerables a estos estados.
Más alarmante que las implicaciones económicas de los aranceles, según Krugman, es la instrumentalización de los puntos estratégicos, como el estrecho de Ormuz. El reciente conflicto en Oriente Medio reveló dependencias imprevistas, como fertilizantes, helio y precursores farmacéuticos, todos transportados a través de vías marítimas cruciales. Advirtió que el mundo ha experimentado tensiones por el acceso a semiconductores de Taiwán, minerales de tierras raras de China y maquinaria avanzada de los Países Bajos.
La política de Trump en el sistema internacional
Respecto a los efectos a largo plazo de la política comercial de Trump, Krugman señaló que el proteccionismo nunca ha gozado de apoyo popular en Estados Unidos; por el contrario, las encuestas muestran que los estadounidenses son más partidarios del libre comercio. El giro de Trump hacia el proteccionismo, argumenta, ha resultado impactante en el ámbito internacional.
Sin embargo, advirtió que incluso una administración demócrata posterior a Trump probablemente no revocaría por completo los aranceles impuestos por Trump. Por ejemplo, la administración Biden mantuvo los aranceles de Trump a China por temor a parecer blanda en el ámbito internacional. Además, el giro hacia una política industrial y la autosuficiencia en sectores estratégicos ha generado controversia en todo el espectro político.
Implicaciones del éxito iraní
Krugman expresó su preocupación por las implicaciones de una derrota estadounidense en la guerra contra Irán. Tras una reunión a puerta cerrada sobre seguridad nacional, describió sus sentimientos, afirmando que sentía una profunda sensación de pánico. Considera que, en caso de derrota, Irán seguiría controlando el estrecho de Ormuz, exigiendo peajes e imponiendo condiciones a los estados del Golfo. Además, argumenta que esta derrota llevaría a la comunidad internacional a percibir a Estados Unidos y a otras naciones democráticas como débiles, lo que abriría la puerta a una mayor agresión y a conflictos económicos.
El camino a seguir en América Latina
Al ser consultado sobre las implicaciones para América Latina, Krugman señaló que la región ya ha reducido su dependencia de Estados Unidos. Si bien muchos opinan lo contrario, argumenta que el papel hegemónico de Estados Unidos en América Latina ya se había reducido antes del segundo mandato de Trump. En lo que respecta a Sudamérica, China suele ser el principal socio comercial, y muchos países están parcialmente protegidos de la política monetaria estadounidense mediante préstamos en sus propias monedas.
Sin embargo, Krugman se mostró cautelosamente optimista ante la propuesta del primer ministro canadiense, Mark Carney, de que las potencias medianas colaboren en la resolución de problemas específicos. Señaló el creciente papel de la UE en Ucrania y la lección de la posguerra, la Pax Americana, como indicios de que el resto del mundo puede seguir trabajando en conjunto incluso cuando Estados Unidos atraviesa ciclos impredecibles. En definitiva, Krugman cree que un orden mundial sin Estados Unidos es realista y tiene la capacidad de mantenerse.